VIAJE A LA INDIA


Carmen nos relata sus impresiones al llegar a Delhi, dentro del viaje que hizo por la India junto con Lara, Raquel, Andrés y el Sevi (hola Sevi!!). No tiene desperdicio.

IMPRESIONES

El calor se te pega a la piel. Empiezas a transpirar, cada uno de los poros de tu piel se abre. La atmósfera es pegajosa. Una espesa niebla te impide respirar con normalidad. Pero tu olfato despierta y tu cerebro registra y comienza a no entender. Por primera vez en mucho tiempo SIENTES. Con velocidad vertiginosa te llegan imágenes, olores, sonidos... calor, un olor agradable, al instante uno nauseabundo, la gente mirándote como si fueses de otro planeta, personas durmiendo en el suelo, gente, gente, coches, bicis, vacas, perros, más gente, rickshaws, todo junto y en absoluto caos, pitidos de las más diversas clases, ruido, curry, miseria, flores, riqueza, otra vez ese olor.. y la música de fondo de no se sabe quién (¿el ET indio?), mientras el aire azota tu piel.

La aséptica Europa, donde todo está diluido, desaparece de un plumazo. La sensación de estar en otro mundo, de vivir otra realidad, porque alguien ha decidido darte la oportunidad de ser espectador, no se va a borrar durante todo el viaje. Aún a la vuelta a tu vida rutinaria seguirás teniendo esa extraña sensación de que has vivido en un sueño. Y no te abandonará en una temporada.

La noche es interminable. El día se hace de rogar. Cuando por fin llega, y decides descubrir si continúas en ese sitio donde tus sentidos se revolucionaron, no hace falta que des más de dos pasos. El baño te lo confirma. Allí está la omnipresente "jarrilla" que te acompañará fiel donde quiera que vayas todo el camino.

Cuando pones el pie en la calle, no puedes ver el sol. Una tupida maraña de cables eléctricos que sobrevuelan tu cabeza te lo impide. El suelo, sin asfaltar y con posibilidades de darte algún que otro disgusto en forma de boñiga de vaca, no ayuda. Esa primera hora de contacto diurno es más de lo que puedes soportar. Todo lo vivido la noche anterior se multiplica por "n". A tu izquierda y a tu derecha puestos de todos los tamaños y colores ofreciendo frutas y verduras entre cientos de moscas. Una vaca y su ternero en una plaza junto a niños descalzos que corretean entre montones de basura. Personas barriendo con esa escoba sin palo, de cuclillas, hacia no se sabe dónde. En una esquina, junto a una fuente, dos hombres de mediana edad bombean agua mientras otro se enjabona de arriba abajo entre montones de espuma en su ducha matutina. Ya a esas horas, la actividad comercial bulle. Ferreteros, bobinadores, zapateros, sastres, tenderos, toda suerte de artesanos se afanan en comenzar su tarea. Y sigues sin poder registrar todo lo que ocurre a tu alrededor. Aunque no te puedes ver la cara sabes que tus ojos se mueven de un lado a otro sin parar y sólo te das cuenta de que llevas a un amigo a tu lado cuando sin querer tropiezas con él. No habéis intercambiado palabra.

Entonces alguien te tira del pantalón. Cuando bajas la vista, y ves a un niño que extiende la mano y pide una rupia, eres por un instante consciente de que tu viaje no acaba más que de empezar. Que no sólo va a ser un andar kilómetros y que, pase lo que pase, a la vuelta, serás otra persona.

Que es un país donde conviven todas las religiones y todas las clases sociales, donde se practica la tolerancia en cada esquina mientras la conciencia social está por aparecer; donde nadie levanta una voz más alta que la otra pero los ojos fulminan; donde no existen las castas pero las clases no se pueden mezclar; donde te vas a encontrar con los ojos más tristes conviviendo con los más alegres; donde el lujo de unas chanclas se cruza con unos zapatos de diseño italiano... donde tu pensamiento cambia de opinión cada dos pasos, para volver a pensar lo contrario una y otra vez. Donde te sientes dinero, donde te sientes en casa, donde te sientes fuera, donde te sientes dentro, donde sientes calor, donde sientes alegría, donde sientes tristeza... donde sientes.

Llega un momento del camino en el que quieres escapar, volver a tu aséptica realidad, donde todo se da por hecho y todo lo que te preocupa es qué vas a ponerte mañana. Pero a la vuelta, al llegar a casa, todo lo ves diferente. Quizá un poco más silencioso, más gris. Y sonríes pensando lo mucho que deseas volver a ese lugar de donde quisiste escapar. Sin querer, has vuelto a dejar un trocito de tu corazón en una tierra que has convertido en un poco tuya. Y quizá esta vez ese trocito sea más grande de lo que te imaginas.

Y cuentas los días que te faltan para poder volver...

Mayo 2004


FOTOS

haz "click" para agrandar


Volver a Viajes